OBSERVATORIO NACIONAL DE PROCESOS DE MEMORIA PASOS DE
MEMORIA y paz
DESPLAZAMIENTOS Gabriela Sánchez Pineda*

¿Qué es la historia y de qué manera se construye? ¿Podríamos dar fe de la veracidad y universalidad de la historia política nacional que ha llegado hasta nosotros? ¿Construimos nuestra realidad desde quien domina o desde quien fue dominado?

 

Desde un análisis crítico, el filósofo alemán Walter Benjamin postula que la historia no solo es lo cumplido sino también lo incumplido en ella, lo no acabado, lo ignorado por una lectura progresista del fluir histórico (Gil, 2019). En este sentido, existe la posibilidad de actualizar el pasado desde el presente, tomando posición desde los intersticios que quedaron rezagados en la lucha por dar cuenta de lo acontecido. En Colombia, esta lucha es ganada y reafirmada constantemente por el poder hegemónico, expresándose dicha victoria en la conocida “verdad oficial”.

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“El arte dice cosas que los historiadores no pueden decir”
Beatriz González

Zulia Zulia Zulia Serigrafia (2016)

La propuesta de Beatriz González se torna entonces disruptiva respecto a la construcción estatal de la historia y de las memorias. En palabras de Javier Gil “aspira a interrumpir el gran y totalizador relato que hemos recibido de la historia oficial”, esto último no con el ánimo de crear verdades universales y totalizantes, sino de permitir que el pasado sea repensado desde lo sensible. Esto último da paso a un ejercicio de creación desde las bases, trabajando con los testimonios que quedaron perdidos en la carrera por dominar la historia y que, sin embargo, deben ser rescatados para evitar su olvido, generando así un proceso de memorialización.

 

La propuesta artística que podemos apreciar en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano no se enfoca en un trabajo específico de González. Por el contrario, busca dar a conocer diferentes etapas de su proceso artístico y de la metodología que éste sigue, que remiten a la relación imagen-observador en la cual emerge su obra: la violencia.

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“Sin un cuerpo, no hay posibilidad de ritualizar la muerte; 
no es posible llevar a cabo la necesaria separación 
entre el mundo de los vivos y el de los muertos”

Papel de colgadura desplazados (2016)

De esta forma, siguiendo los planteamientos de Collier (1995), el museo se traduce en:

 

“(…) Un espacio de la representación de una sociedad, o más bien, una fracción de la sociedad que se muestra de ella misma, se colocan allí, los valores que se desean destacar, en un compartir que no es ciertamente para la totalidad de la población sino para aquellos que tienen el poder de darse una representación en él.” (Collier, 1995)

 

No obstante, cabe matizar la afirmación de Collier respecto a la posibilidad limitada de la población como conjunto para representarse en el museo. La memoria no es lo pasado, sino lo construido con el pasado (Gil, 2019), de tal forma que la población no construirá desde el recuerdo -que llega a ser una categoría limitante para el ejercicio de memorialización- sino desde su relación sensorial con la obra, manifestando la memoria en silencios, sonidos, gestos e imágenes (Gil, 2019).

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“En Colombia, el arte se ha convertido en el sustituto funcional de los rituales fúnebres negados (…) la repeteición serial de esas imágenes es inseparable del modo serial con el que se ejecutan los asesinatos y las masacres”
Javier Gil

Boceto de Dolores (2000)

Auras Anónimas (2007-2009)

En definitiva, la exposición y el trabajo artístico de González dan cuenta de una lucha por dotar de humanidad y dignidad a las víctimas de la violencia en Colombia. Del mismo modo, busca poner en el ojo público la incapacidad de gestar un duelo nacional que reivindique a las víctimas, mientras el pasado no sea repensado desde y con el presente.

 

El uso de repeticiones, figuras convertidas en patrones e imágenes llevadas a la manipulación del pincel dejan en claro que desplazarnos constituye un ejercicio más complejo que el movimiento físico: se trata de moverse en la historia, volver y devolverse, tomar los “vacios” del pasado y llenarlos de significado, permitiendo la configuración de un presente que le haga justicia a lo que le precede y constituye.

*Estudiante del pregrado en ciencia política / Universidad Nacional de Colombia

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